¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

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Crónica Semanal de Ruben Vasconcelos Beltrán, 30/mar/15

por / lunes, 30 marzo 2015 / Publicado enHISTORIA, ÚLTIMAS

todooaxacaradio.com

30 de marzo de 2015

Por: Ruben Vasconcelos Beltrán, Cronista de Oaxaca

SE DERRUMBÓ OTRO GIGANTE

A muchos de los oaxaqueños que nacimos en la ciudad o en alguna otra de las comunidades que pueblan los valles centrales, desde muy pequeños tuvimos la oportunidad de conocer algunas de ellas, porque nuestros padres contaban con alguna amistad, iban a algún negocio, a las fiestas tradicionales o por una cosa que no podemos evitar como es la comida. Quién no ha saboreado un bocadillo en el mercado de Ocotlán, en Tlacolula o Etla, pero además de dar gusto al paladar se puede admirar en la Sala del Cabildo Municipal un mural del recordado maestro Rodolfo Morales, el Museo de Arte Virreinal y el Artesanal o el monumental templo dominico, pero también podemos  pasar a santo Tomás y santo domingo Jalietza, san Juan Chilateca o san Antonino Castillo Velasco a admirar los extraordinarios trabajos de bordado en tela que hacen o ir a san Juan Chilateca a conocer los famosos alebrijes con los que sus creadores han obtenido premios nacionales e internacionales o caminar por las calles de san Bartolo Coyotepec, entrar a las alfarerías, ver cómo trabajan el barro negro, conocer sus obras en el Mercado Comunitario, en las tiendas o en el Museo Artesanal Contemporáneo, en fin hay mucho que ver y admirar.

Con lo anterior quiero decir que cada pueblo, que cada comunidad, cuenta con sus propios valores patrimoniales, porque además las expresiones en materia de costumbres y tradiciones son admirables; son una mezcla de los ritos antiguos y lo que se aprendió con la llegada de los españoles, pero la naturaleza también aporta lo propio y a veces con muestras verdaderamente sobresalientes. Alguna vez visité san Pablo Huitzo, y además de conocer el templo y el convento me gustaba sentarme a la sombra de un gigantesco laurel de la india que crecía majestuoso en el centro de la Plaza Cívica, era una verdadera maravilla, pero en alguna ocasión que volví grande fue mi sorpresa al ver que aquel hermoso laurel había desaparecido, fui al Palacio Municipal y pregunté ¿qué había pasado? Y me dijeron que se había plagado y por eso había sido derrumbado. ¡Qué tristeza!.

Lo mismo me pasó en san Juan del Estado, nada más que ahí se trataba de un higo silvestre, igual, de ambos algo escribí en su momento, porque me pareció increíble esa falta de amor a las cosas de la naturaleza y más cuando se trata de ejemplares excepcionales, pues de las tantas veces que ido a san Bartolo Coyotepec, nunca dejé de acercarme a la Ceiba que crecía majestuosa en el jardín o Plaza Pública, siempre le tomé una fotografía y cuando alguien me acompañaba le pedía se llevara un recuerdo de tal ejemplar. Un día vi en su tronco y en una de sus ramas cierta afectación, me dije que era plaga, y en mi siguiente escrito lo hice ver y pedí que alguien se ocupara de él y así fue una y otra vez, y no hace más de diez días caminé por ahí con los alumnos de la Universidad del Adulto Mayor y les hice un comentario “ojalá la cuiden porque es uno de los más bellos ejemplares que existen en los valles centrales, les dije”, y cuál no sería mi sorpresa enterarme por la prensa que el lunes 23 se derrumbó perdiéndose para siempre.

Lástima, porque no acabamos de entender el valor del árbol, nos permite el equilibrio ecológico, la generación de oxígeno, nos ayuda a descontaminar la atmosfera ahora tan afectada por ruidos, polvos y humos, produce las lluvias, mantiene la humedad ambiental, en fin, quien sabe de cuántas cosas hablan los estudiosos de la materia. El sábado 21 de marzo, caminaba por la avenida Independencia cuando escuché mucho alboroto, era una marcha organizada por un diputado federal, un grupo de jinetes en su cabalgadura se dirigían al Paseo Juárez, me sorprendió una cosa así en el corazón de la ciudad pero dejé que pasaran y seguí disfrutando de la caminata. En la tarde, llegue al Paseo Juárez, ya había terminado el homenaje que hicieron a don Benito Juárez en su monumento, pero algunos caballos estaban amarrados al tronco de los árboles y comían tranquilamente las hierbitas de alrededor y me dije: “pobres jardineros, tanto que se preocupan por cuidar estos prados en un intento por embellecer la ciudad, que tanto necesita que la cuidemos”. Y ahora recuerdo el número de laureles que han desaparecido de este lugar en los últimos diez años, también por plagas, ¿qué pasará? ¿No habrá técnicos?, ¿no habrá dinero?, ¿no hay voluntad de cuidarlos? ¿No hay amor por la naturaleza? ¿Qué pasará? ¿Cuál será la verdad? Pero además uno de esos caballos estaba amarrado a la pata de uno de los leones y que bueno que no pasó nada, porque los leones no son de piedra ni de fierro, son de una mezcla arcillosa que recubre una estructura metálica, esto es, son ligeros, recordemos que hace unos años un automovilista chocó con el pedestal de uno de ellos y lo derrumbó.

 

Arbol San Bartolo por Ruben Vasconcelos

 

FERNANDO CASTILLO PRESENTÓ SU LIBRO

El jueves 28 de marzo en la sala Arcelia Yañíz de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, el ingeniero Fernando Castillo, presentó su libro titulado: Iris. Biografía de Antonio Castillo Merino. Historia de un poeta (1896-1927), todo un personaje originario de San Juan Ixcaquixtla, Puebla, en 1896, pero sus padres lo trajeron a esta ciudad de Oaxaca a la edad de tres años. Estudió la escuela primaria en el Colegio del Espíritu Santo, que fue fundado por el presbítero Carlos Gracida, en la casa de la esquina de la avenida Morelos y Manuel García Vigil, la cual fue construida para albergar a las monjas Concepcionistas, hasta que estas fueron trasladadas al convento de los jesuitas, por lo que fue ocupado durante algún tiempo como Cárcel Pública y después para diferentes usos entre ellos Casa de Moneda en los momentos aciagos de la revolución a principios del siglo XX.

En ese colegio estudiaron hombres que con el paso de los años ocuparon sitiales prominentes en distintos campos del saber humano, unos fueron médicos distinguidos, otros ingenieros, arquitectos, en fin, cada uno de ellos muy destacado en la profesión que abrazaron. El señor Castillo Merino, pasó al Instituto de Ciencias y Artes del Estado y estudió la preparatoria y al concluirla abrazó la carrera de Derecho y como muchos de sus compañeros con el paso de los años se convirtió en un hombre culto, esto es, no solo sobresalía en el conocimiento de las cuestiones jurídicas sino también en otros campos como la filosofía, la historia, el teatro, y principalmente la poesía.

Fernando Castillo, el maestro Abel Santiago y el Lic. Guillermo García Manzano (comentaristas) recordaron en su libro que ganó en dos ocasiones la Flor Natural que ofrecía el Instituto de Ciencias y Artes a aquel que ganaba el primer lugar en el concurso al que cada año convocaba para conmemorar el nacimiento del patricio de Guelatao, Lic. Benito Juárez García, pero además sus poemas aparecían en las revistas, periódicos y publicaciones varias de ese tiempo, lo cual le permitió llegar a ser un hombre apreciado por la sociedad oaxaqueña.

Le tocó vivir una época aciaga por el sinnúmero de problemas políticos que se presentaron con la revolución; estando en el Instituto éste se cierra por la actitud despótica del general Jesús Agustín Castro, que consideraba que “era casa de malvivientes” solo por no estar de acuerdo con su conducta pues había sido enviado por Venustiano Carranza, a acabar con el Lic. José Inés Dávila promotor de la Soberanía del Estado, el que finalmente fue aprehendido y fusilado.

El señor Castillo Merino fue diputado local suplente en 1924, durante el régimen del recordado Gral. Manuel García Vigil, quien también fue perseguido y fusilado en Rincón Viejo por no estar de acuerdo con la reelección del Gral. Obregón. Fue vicepresidente del Comité Central Electoral y recorrió la región de La Mixteca con el Gral. Rafael Melgar en su campaña política a Senador de la República y para presidente el Gral. Plutarco Elías Calles, en ese mismo año participó al lado de don José Vasconcelos en su lucha por llegar a ocupar la titularidad del poder ejecutivo estatal, pero que como sabemos fue despojado de un triunfo que le correspondía ganado en las urnas pero que no se concretó en vista de la mala actuación de las autoridades.

Lo anterior le vale muchos problemas con el gobierno del Gral. Onofre Jiménez y tiene que abandonar Oaxaca y decide radicar en la ciudad de Tehuacán, Puebla, en donde abre su despacho de abogado litigante, publicando una revista titulada IRIS, Semanario de Información y literatura, que tuvo una gran aceptación, en ella colaboraban personajes oaxaqueños y del estado de Puebla, pero en 1927 es cobardemente asesinado. En el directorio poético de don Manuel Brioso y Candiani, aparece don Antonio Castillo Merino, con cuarenta de sus poemas ya que fue considerado como uno de los más distinguidos poetas de su tiempo.

La investigación que realizó el Ing. Fernando Castillo Menéndez, se inició cuando desde pequeño empieza a escuchar algunas cosas en las pláticas familiares y a medida que fue encontrando información en revistas, periódicos, en las charlas con amigos, se dio a la tarea de recopilar todo ese material que ahora publica en su libro y que son poemas, tarjetas postales en donde el señor Castillo Merino, escribía sus poemas, recortes de periódicos, cartas personales, fotografías alusivas a lo que relata, y algo que debo resaltar es el enlace histórico, el entramado, que hace de la vida de su personaje con lo que sucedía en esos años en Oaxaca, porque en pocas palabras nos da una panorámica de lo que los oaxaqueños enfrentamos en esos tiempos y de los personajes que fueron actores en ese mundo lleno de confusión en que se desarrollaron los acontecimientos.

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